martes, 22 de septiembre de 2015

EDICIÓN No. 78. Informe. Ante la profunda crisis del HUV, el Gobierno protege a las EPS

Los estudiantes de medicina de la Universidad del Valle realizan por estos días expresivas manifestaciones de defensa del Hospital Departamental Evaristo García (Universitario), donde 900 de ellos realizan sus prácticas. (Foto: Muro Salvemos el HUV).
Cali se moviliza en defensa del Hospital Universitario del Valle

Por Luis Alfonso Mena S. (*)
Una gran movilización ciudadana registra por estos días el departamento del Valle del Cauca en defensa del principal centro asistencial del suroccidente colombiano, el Hospital Universitario, HUV, afectado por una crisis que lo tiene al borde del cierre, con un déficit para su funcionamiento que se calcula en $200.000 millones.

A pesar de las denuncias reiteradas de organizaciones sindicales y estudiantiles, médicas y comunitarias que alertaban sobre la falta de atención a los graves problemas financieros de la entidad, los gobiernos Nacional y Departamental dejaron que la crisis se profundizara y por estos días tratan de imponer sus medidas de intervención.

Estas son rechazadas por diferentes sectores ciudadanos y estudiantiles del Valle por considerar que conducirían al cierre de este centro asistencial de nivel tres, que brinda cobertura a diez millones de personas del Valle, Cauca, Nariño, Putumayo y Chocó, departamentos que configuran una de las zonas más agudas del conflicto social y armado en Colombia.

Una de las movilizaciones más grandes de los últimos años realizadas en Cali fue la que tuvo lugar el jueves 17 de septiembre, impulsada por estudiantes de la Universidad del Valle, declarados en paro desde el viernes 11 de septiembre y hasta tanto haya solución a la crisis de su hospital, que afecta las prácticas de 900 alumnos de la Facultad de Medicina del alma máter.

La protesta fue respaldada por docentes y trabajadores de diferentes instituciones y sindicatos de la ciudad, lo mismo que por colectivos que defienden el derecho a la salud pública contra la privatización del sistema.

Los manifestantes recorrieron la Avenida Calle Quinta, una de las más importantes de Cali, desde el sur de la ciudad, hasta desembocar en la Plaza de San Francisco, a un costado de la cual se encuentra el edificio de la Gobernación del departamento.

Allí se realizan permanentes plantones de protesta y se tiene programado, en caso de que el Gobierno ordene la intervención del hospital, la instalación de campamentos de rechazo a tal medida.



Jornadas en Cali y Bogotá
El miércoles 16 de septiembre, estudiantes de la Universidad del Valle y de la Universidad Nacional en Bogotá, apoyados por trabajadores, realizaron un plantón en frente de las oficinas del Ministerio de Salud y posteriormente hicieron presencia en el Congreso de la República, donde plantearon la urgencia de medidas para salvar al HUV.

El domingo 20 de septiembre se cumplió una demostración de respaldo al Hospital denominada el HUV en Dos Ruedas, en la cual participaron, entre otros, estudiantes de Medicina de la Universidad del Valle y se realizó en puntos de prácticas deportivas y recreativas de Cali, con el fin de generar conciencia en la ciudadanía acerca de los alcances de la crisis de su principal centro de salud pública.

Para el martes 22 de septiembre estaba programada una marcha de antorchas; para el miércoles 23, una gran asamblea estudiantil en la sede de Meléndez de la Universidad del Valle, y para el jueves 24, una nueva movilización por las calles de Cali.

Todas estas actividades, organizadas por colectivos estudiantiles, como Salvemos el HUV, la Federación de Estudiantes Universitarios, FEU, y otras, contemplan también jornadas de sensibilización en las estaciones del Masivo Integrado de Occidente, MIO, en universidades diferentes a la del Valle y en las comunas 18 y 20.



Las causas de la crisis
La crisis del HUV viene de tiempo atrás, y tiene como telón de fondo el progresivo proceso de privatización del sistema de salud en Colombia representado en las llamadas Empresas Prestadoras de Salud, EPS, las principales generadoras del fenómeno en el Valle, pues le adeudan al Hospital Universitario $125.000 millones derivados de su intermediación.

De igual manera, en la bancarrota del centro de salud tienen gran incidencia las denominadas alianzas público-privadas, contratos leoninos implementados en el Hospital Universitario del Valle, de los que, de acuerdo con voceros de organizaciones sindicales, estudiantiles y analistas, solo se han nutrido los negociantes particulares de la salud, a quienes se les entregan áreas vitales para su usufructo.

Un tercer factor de la crisis es el manejo politiquero al que históricamente ha estado sometido el hospital, en manos de redes clientelares que lo han convertido en botín electoral con la generación de una enorme nómina paralela que cuesta más de tres mil millones de pesos mensuales.

La crisis es de tal naturaleza que, de acuerdo con denuncias, muchos de los más de mil empleados contratados mediante la tercerización llevan hasta cuatro meses sin recibir sus pagos, en tanto que los 1.500 trabajadores de planta han visto restringidos también sus derechos.



El peloteo de los gobernantes
Pero mientras la crisis crece, el Gobierno Nacional se halla en un peloteo endilgando responsabilidades al Gobierno Departamental, encabezado por Ubeimar Delgado, y éste trasladando culpas al director del hospital, Jaime Rubiano.

Rubiano, debido a su mala gestión y a los contratos público-privados, fue separado temporalmente del cargo, pero cuenta con el respaldo del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, y de sectores afines a las privatizaciones.

Interrogado sobre las protuberantes deudas de las EPS con el HUV, el ministro Gaviria señaló, en declaraciones al diario El País de Cali: “… hay mucha incertidumbre sobre las deudas”, y agregó: “Según la Circular 30 de la Supersalud, el principal deudor del HUV es el Departamento: el Hospital dice que le debe $60.000 millones, el Departamento solo reconoce $30.000 millones. El Hospital dice que Caprecom le debe $34.000 millones, la EPS estatal reconoce $10.000 millones. El Hospital dice que Emsaanar le debe $54.000 millones, la EPS reconoce $22.000 millones. La depuración de la cartera es fundamental”.

La postura del Ministro es la defensa a toda costa de las EPS al no reconocer la magnitud de las deudas y al trasladar el grueso de las mismas a la Gobernación del Valle.

Como dijera un reciente pronunciamiento de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT: “Frente a esta crisis, algunos parlamentarios del Valle son partidarios de una intervención del hospital, lo cual consideramos incorrecto y creemos que se deben buscar salidas como declarar la emergencia sanitaria y de eventos catastróficos, contemplada en el Plan de Desarrollo 2015,  blindar los recursos que llegan al HUV de los embargos de los mercaderes de la salud, modificar los recursos provenientes de estampilla de manera temporal y con destinación específica y si es necesaria la presencia de la Supersalud, que sea sobre la figura de un programa de recuperación como medida preventiva, que es muy diferente a la intervención”.

Mientras tanto, la falta de atención en el HUV se empieza a reflejar en otras dependencias públicas de salud de Cali y el Valle del Cauca, y los grandes damnificados son los usuarios de los cinco departamentos que no solo afrontan sus enfermedades, sino que ven cómo su gran esperanza para sanarse, el Hospital Universitario, agoniza.

Todo indica que la lucha de estudiantes, trabajadores y ciudadanos en el departamento se intensificará, pues ante el crecimiento de la crisis, también sube el calor de las acciones populares en procura de salvar el HUV.

(*) Periodista independiente, editor de PARÉNTESIS.


LAS FOTOGRAFÍAS.
La segunda gráfica corresponde a la nutrida manifestación contra el cierre del Hospital Universitario del Valle cumplida el 17 de septiembre en Cali. (Foto: Muro Salvemos el HUV).

La tercera gráfica ilustra la cadena humana formada por estudiantes de la Universidad del Valle en torno de la Gobernación del Departamento. (Foto: Muro Salvemos el HUV).

La cuarta y quinta gráficas fueron captadas al finalizar la marcha del jueves 17 de septiembre, en la Plaza de San Francisco, frente al edificio de la Gobernación del Valle. (Fotos: Santiago José Mena C.).

Noticia. Ciudadanos reclaman porque la congestión vehicular los retrasa hasta una hora


Las vías de Acceso a Cali desde los municipios aledaños por el sur (Jamundí), por el norte (Yumbo y Palmira), y por el oriente (Candelaria) se han convertido en verdaderos suplicios para miles de habitantes de esos municipios que trabajan o estudian en la capital del Valle y se ven sometidos a cuellos de botella vehiculares  en horas pico, como el de esta gráfica, tomada de las redes sociales. 
La vía Candelaria-Cali, un suplicio

Por Redacción de PARÉNTESIS
La comunidad de las áreas contiguas al municipio de Candelaria está al borde de la desesperación debido a la gran congestión que se registra de manera cotidiana en la vía que de este sector conduce a Cali.

En efecto, durante las primeras horas de la mañana, entre las 5:00 a.m. y las 8:00 a.m., recorrer la vía Candelaria-Cali puede tardar hasta una hora, debido a la gran cantidad de vehículos automotores que quedan embotellados a la altura de Ciudad del Campo.

De nada sirven los hasta quince guardas de tránsito que el Municipio de Candelaria sitúa en el sector que le corresponde para tratar de agilizar el tráfico vehicular, si en el lado de Ciudad del Campo, que administrativamente corresponde a Palmira, no hay guardas que complementen la labor.

Así lo denuncian habitantes de urbanizaciones como Poblado Campestre y Aldea Campestre, quienes diariamente afrontan el suplicio en que se ha convertido transitar por la carretera con destino a sus lugares de trabajo o estudio.

“Es desesperante transitar por allí, pues la gran cantidad de carros que salen de Ciudad del Campo, en jurisdicción de Palmira, hace que los automotores que vienen de condominios ubicados antes de éste queden atascados”, sostuvo la ejecutiva de una importante empresa caleña.

Ella, como miles de habitantes de Candelaria, debe madrugar más de la cuenta para poder recorrer temprano la carretera que la conducirá a Cali a fin de llegar puntual a su lugar de trabajo, en el centro de la capital del Valle del Cauca.

Pero, revela la funcionaria, muchas veces ni así se evita el atasco, pues los días lunes y jueves la congestión crece a la altura de la Central de Abasto del Valle S.A., Cavasa, debido a que hasta las bodegas llegan centenares de toda clase de carros para transportar víveres, y el tráfico se hace mucho más lento.

En ocasiones, la congestión se prolonga hasta la glorieta de la Carrera Octava con la Autopista Calle 70, donde también hacen falta guardas de tránsito, esta vez de la jurisdicción de Cali.

El problema denunciado deriva de la expansión urbanística que registran las zonas contiguas a Cali por el oriente de la ciudad (Palmira y Candelaria), pasando el puente de Juanchito sobre el río Cauca.

Día a día esta zona cuenta con mayor número de pobladores, personas habitantes de las urbanizaciones mencionadas y otras que en su gran mayoría trabajan o estudian en Cali y deben levantarse a las 4:00 a.m. para intentar evitar la congestión.

Se trata de una nueva problemática social que debe ser tratada de manera conjunta por los gobiernos de Cali, Palmira y Candelaria, triángulo administrativo que está en la obligación de encontrar soluciones tangibles e inmediatas.

De esta forma, no solo Yumbo, por el norte, y Jamundí, por el sur, registran graves problemas de congestión vehicular en horas pico (mañana y tarde), sino también Candelaria, por el oriente, porque del puente para acá está Cali, el punto de encuentro de miles y miles de seres en busca de trabajo, estudio y sustento.

Opinión. La lucha por la paz en medio de la persecución oficial a líderes sociales


Fascismo y para-criminalización: una mirada hacia Feliciano Valencia

 Por Sara Leukos
                                                                                                                       El horizonte sin luz
está mordido de hogueras.
Federico García Lorca
                                                           
El mundo no se libera del fascismo. Este niega  cualquier  concepto de  individualidad y lo opera en  masa, es un brazo de la física contemporánea, donde las probabilidades mayores o menores  del  fenómeno subyacen bajo el conjunto de los individuos.

El fascismo, para sostenerse, recurre al reino de las probabilidades, de la mecánica cuántica. La acción de aniquilar pueblos enteros, nacionalidades, etnias no es de hoy, ni se inserta en un tiempo pasado superado. El siglo XXI aún permanece en su sala-cuna, no ha visto morir a su madre, ha seguido el curso.  

La relación entre los principios del fascismo y los principios de una física contemporánea no vienen solos. Occidente en el siglo XX  encontró la mágica formula en Einstein y Max Planck, este último científico prusiano-alemán, considerado uno de los mejores físicos del siglo pasado. En relación a la contribución e introducción de nuevos conceptos en la mecánica cuántica acuñó en término filosóficos: “una nueva verdad científica no se hace explicándola a los oponentes sino cuando ellos mueren y una nueva generación cree en esta verdad”. Resultando: un tiempo demoledor, desgarrador en la señal del tendón histórico.

El fascismo es la imposición de un pensamiento que se aplica con  toda una carga instrumental de eliminación. En su punto inicial lo contable, es decir, la muerte, hasta la instalación cotidiana de lenguajes eliminatorios, estigmatizadores, represivos y profundamente inapropiados, ante una sociedad que se atisba en resistencia.

En esta dimensión, se advierte una para-criminalización que, en su naturaleza misma, responde a un abrazo de ese pasado, recostado para actuar desde las entrañas de los principios fascistas. El siglo XXI se halla en el drama más aberrante, conmisero, ignominioso de verter pueblos al destierro, al hambre, a la pobreza y a la desaparición.

El tiempo-presente y su propósito: Colombia 
El fascismo vierte su propósito a un proyecto basado en una economía moral, justo en ese capitalismo global que cobra muchas vidas y para ello recurre a las ondas espacio-temporales.

Hay un fuerte brazo de ese pasado, donde se configura un tiempo homogéneo, éste se asoma bajo gobiernos, pensamientos represores, estandartes, tambores, botas y charreteras. La para-criminalización se basa en el desprecio por el ser humano, en la vía multi-escalar de la discriminación, la eliminación, el individualismo  posesivo  y el sometimiento desde  la gobernanza a  miles de ciudadanos  a la eliminación individual y colectiva del sujeto.

Es una apuesta permanente de Estado
En Colombia la para-criminalización, bajo estos postulados está instalada como política de Estado: se asesina selectivamente bajo escuadrones, se desaparece uno a uno, como una  sinergia cuántica, se judicializa sistemáticamente y sorpresivamente  sin mucho ruido.

Este modelo de para-criminalización se afianza con un discurro almibarado, bajo la lupa de organismos judiciales, legislativos y fuerzas militares. Todos como en un banquete, respondiendo a esa puesta en escena, como en un  film a lo Pier Paolo Pasolini: el poder y la degradación como corpus político.  

Así obra el fascismo en la actualidad 
En Colombia los territorios están en resistencia en relación con el gran proyecto económico de globalización, donde se asoma la muerte y la gobernanza para-criminal.

Esa inflexión se vehicula ante una política de Estado que, aún frente al inicio de un proceso de paz con el movimiento insurgente FARC-EP, aún, no se ha podido desbrozar el cordón de esa para-criminalización.

Para ello solo  basta mirar cómo este presente se funde en ese pasado reciente, hacia un actual proyecto político de algunos candidatos a las gobernaciones y alcaldías en octubre de 2015. Solo  basta para  mirar cómo  emergen postrados bajo el  crimen.

A nombre del bien, se extiende el mal
Se cierne sobre ellos un olfato sospechoso de actos de financiamiento, concesiones económicas, acciones de corrupción, estrategias de protección militar, amparo gubernamental, protección política bajo el amparo y control de localidades urbanas, red de mercado delincuencial, es decir, toda una agencia indirecta a nombre de un postulado fascista que cobra un significado en todo un mercado-político capitalista.

En medio de este hervor, el  Estado, la sociedad atisba hacia un proceso de paz con los movimientos insurgentes FARC-EP y el ELN, que como gran reto actúan, ante lo que sería un tiempo-presente y político.

Es un presente revelador, en tanto que el futuro ha hecho daño bajo roles  apresados, estimulados por el postulado de un Estado en la negación del individuo, que ha ocasionado miles de muertos y sumido a millones de seres en una pobreza hegemónica, bajo  una economía emergente, “estrictamente moral”, de dominación del otro.

En ese curso delineado, el pueblo no está ajeno a esa madriguera del fascismo global, que de manera soterrada deambula con su olfato apuntando en los más íntimos rincones: la cotidianidad colombiana. Es una corriente de pensamiento extrema, en una deshumanización, una privatización del otro, pretendiendo despolitizar a los sujetos.

La para-criminalización: Feliciano Valencia
En Colombia, la violencia del Estado ha existido siempre, donde muchas de las masacres y torturas llevadas a cabo por los paramilitares han contado con la participación directa o la complicidad de miembros del Ejército, la Policía, políticos, gremios económicos, medios periodísticos que se refuerzan hoy en el cauce electoral, cuyos hombres están encerrados en la gran fronda de un gran bosque electorero.

El capitalismo global con sus tenazas fascistas extiende una guerra, no solo en Colombia, sino en algunos lugares de América Latina. Un poder de control, un modo de gobernanza en toda una militarización de una sociedad, esa que justamente se halla en la línea débil de una supuesta “democracia”. En ese trazo, se empiezan a saber ciertas verdades.

Las fuerzas paramilitares tienen la misión de aplicar una violencia instrumental de Estado hacia una construcción de una para-criminalización enfocada al pensamiento crítico. Ésta vierte expresiones cotidianas, pensamientos reguladores, estigmatizantes, al  servicio de todo un “pensamiento fascista“. Se  vehicula  todo un  control social y político, todo un “corpus territorial”, donde opera una clase dominante.

El indígena nasa, Feliciano Valencia -condenado a 18 años de prisión- es un  vértice en el gran iceberg de la onda solapada que extiende la dirigencia  represiva en los organismos del Gobierno que ampara el presidente Juan Manuel Santos. Estos organismos vertidos,  políticamente corruptos y represivos, están al servicio de una para-criminalización.

Feliciano, luchador indígena, comunero de gran solidez para defender los territorios indígenas de terratenientes,  narco-paramilitares, opositor al modelo extractivista de la zona indígena del Cauca, hoy día está sometido a todo el corpus político de dominación y represión del Estado para-criminalizado.

Él,  como comunero, es una instancia del pueblo nasa, aguerrido, defensor de la autonomía y el territorio en un espacio político: la defensa por la pervivencia de los derechos consuetudinarios. Hoy día, una vez más, es señalada esta defensa bajo una  acción punitiva hacia Feliciano Valencia y el movimiento  comunero indígena.

Es claro que de un lado Santos habla de paz con los movimientos insurgentes, y del otro normaliza extremas formas de represión, a cualquier precio, no importa el trazo a lo que se tenga que llegar con los líderes del movimiento social en Colombia. 

La diferencia entre el fascismo y la para-criminalización no es el mecanismo que los produce, sino dónde se producen. El mecanismo es similar y se puede ver dónde está su origen y su naturaleza misma: el Estado.

La para-criminalización imprime a ese tiempo-homogéneo esta senda, propia del fascismo; garras de tigre que salta a recobrar el pasado: irrumpir en el  corazón central  de la gobernanza para viabilizar una violencia de Estado, instalar el terror, bajo una “economía moral”. Esa economía del sujeto en el laberinto del olvido es condición amenazadora y, por qué no, violatoria de la condición humana en términos reguladores.

Así como va  Colombia, se preguntaría uno: ¿Para qué diablos los colombianos habrían de querer la paz como la propone Santos? Que se sepa, en Colombia el tiempo-presente impone el hambre, la corrupción, las falsas judicializaciones, miles de presos  políticos, desterrados de la tierra, imposición de circuitos de mercados transnacionales, asesinatos selectivos, normas represoras, legislación punitiva para expresarse, circuitos de desapariciones uno a uno; a diestra y siniestra esto continúa como tendón de la historia, propiciado por los organismos del Estado nacional.

¿Entonces de qué paz está hablando con los movimientos insurgentes? Así como va Colombia, se repetirán los hechos, y el filósofo Schopenhauer se quedará atrás frente a los acontecimientos de no-repetición. Ante esto, cabría especular, ¿¡será que en el horizonte se prenderá una nueva hoguera emancipadora, como un nuevo cauce de rebelión!?

domingo, 13 de septiembre de 2015

EDICIÓN No. 77. Urge solidaridad con el periodista vallecaucano Milton Fabián Henao

Facsímil de las amenazas hechas a través de redes electrónicas contra el periodista de Telesur Milton Henao.

Graves amenazas contra reportero de Telesur lo obligan a salir de Cúcuta

Por Luis Alfonso Mena S.
Un nuevo atentado a la libertad de prensa en Colombia quedó en evidencia el domingo 13 de septiembre de 2015, tras conocerse las graves amenazas vertidas en medios electrónicos por personas violentas e intolerantes en Cúcuta contra el periodista vallecaucano Milton Fabián Henao, quien desde hacía dos semanas reportaba sobre la crisis suscitada en la frontera colombo-venezolana para el Canal Internacional Telesur.
                 
"Este es un hp sapo de Telesur... pilas, no le den información, es un sapo, saquémoslo de Cúcuta...", decía uno de los mensajes puestos en la red social Facebook. Otro estaba acompañado de una imagen de Carlos Castaño con la inscripción "Simple y sencillo: balazo y pal'río", mensaje que apoyaba explícitamente uno de los participantes en el chat. Una mujer decía:"Quemarloo. Yx sapo" (sic). Y otro individuo afirmaba: "Hay que darle duro, si lo vemos en Cúcuta, sacarlo".

Las cobardes amenazas obligaron a la salida del periodista y de su camarógrafo, Oliver Rivera, con quien había realizado una serie de reveladores informes (que se reproducen en esta página), en los que mostraba la otra cara de lo que ocurre en la frontera, abandonada por el Estado colombiano y sometida por bandas criminales y paramilitares, que se lucran de un multimillonario negocio de contrabando de combustible y alimentos desde Venezuela, con la complicidad del Gobierno de Colombia.

La persecución y amenazas de las que fueron objeto Henao y su camarógrafo demuestran el grado de descomposición en que se encuentra la región fronteriza y la falta de libertad para el ejercicio del periodismo independiente en Colombia, el orientado, como en este caso, a investigar para difundir el trasfondo de la crisis, que nunca darán a conocer los medios de las élites oligopólicas colombianas. 

Y dejan en evidencia también que quienes en la zona no tienen argumentos y se ven descubiertos en sus intereses nefastos solo responden con el insulto y la amenaza, frente a lo cual los gremios periodísticos deben exigir a las autoridades judiciales la investigación inmediata para encontrar los responsables.

Henao y Rivera han sido objeto de múltiples mensajes de solidaridad en la noche de este domingo 13 de septiembre, cuando se revelaron las amenazas y se produjo la salida de los reporteros de Cúcuta.

Desde PARÉNTESIS, periódico en el que es habitual colaborador con destacados reportajes sobre la realidad nacional, expresamos nuestra más profunda solidaridad a Milton y a su compañero de trabajo y los animamos a continuar por la senda de la búsqueda de la verdad.

Estamos seguros de que muchos colombianos los acompañarán en la defensa del derecho a investigar y a revelar la otra cara de los acontecimientos, a seguir develando la manipulación del discurso hegemónico de la oligarquía colombiana, principal responsable de la crisis en la frontera.


En esta zona, Henao y Rivera estuvieron cumpliendo con su deber de reporteros independientes, y contribuyendo a generar información diferente a la de los medios que incendian las mentes de los colombianos.

Análisis. Los pueblos de la frontera, abandonados por el Estado colombiano

El contrabando multimillonario de combustible hecho por bandas criminales, es una de las aristas de la crisis en la frontera.



Análisis. Los pueblos de la frontera, abandonados por el Estado colombiano

La trampa del odio fratricida

Por Luis Alfonso Mena S. (*)
El sensacionalismo de los medios de comunicación colombianos, que solo miran un lado de la realidad, desconoce el contexto de los hechos en la frontera colombo-venezolana y contribuye a la desinformación y a exacerbar los odios fratricidas.

Pronto ellos se olvidarán de los connacionales que padecen las consecuencias del abandono del Estado en la zona limítrofe y continuarán silenciando los miles de desalojos y destierros internos de los compatriotas, a quienes los pulpos financieros nacionales, con la anuencia del Gobierno y de las entidades judiciales, les arrebatan sus viviendas en el Valle del Cauca o en la Costa Atlántica, en los Llanos Orientales o en Bogotá, y frente a los cuales los medios de las élites callan cómplices.

El fenómeno en la frontera es complejo y tiene múltiples aristas, entre ellas el contrabando multimillonario de combustible y de productos de la canasta básica desde Venezuela hacia Colombia, que genera desabastecimiento en el hermano país; la especulación de las casas de cambio con los precios del bolívar, legalizada por el sistema financiero colombiano, y un desempleo pavoroso que fomenta el rebusque ilegal y caótico.

Son factores que han contribuido al enriquecimiento de mafias de acaparadores y especuladores a lado y lado de la frontera, en el marco de una guerra económica de largo aliento, en la que están comprometidas las derechas de los dos países, y se orienta a desestabilizar el gobierno constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, con el apoyo de bandas paramilitares colombianas.

Hoy no pocos claman guerra, como lo hacen en el plano interno, aupados por las oleadas incendiarias de los medios masivos, sumergidos en el desenfreno de los odios y los prejuicios ideologizados de la ultraderecha encabezada por el expresidente Álvaro Uribe y el procurador Alejandro Ordóñez, quienes corrieron a la frontera a aprovecharse de manera oportunista del sufrimiento de los desarraigados, con el único fin de sacarle ganancias políticas.

Y muchos, lamentablemente, caen en la trampa, porque las voces insensatas propaladas desde los micrófonos pueden más que el análisis coherente y sereno, olvidan que la vida de las sociedades tiene multiplicidad de ángulos y que la realidad nunca será en blanco y negro.

Pero, sobre todo, no tienen en cuenta que colombianos y venezolanos somos hermanos y que se requieren soluciones dialogadas. Y, en el caso local, urgen cambios de fondo, estructurales en la economía de la zona limítrofe, hoy en manos del desempleo, las mafias del comercio ilegal y del contrabando, mezcladas con bandas criminales.

(*) Editor de PARÉNTESIS.


La imagen fue captada en una de las principales calles del comercio de Cúcuta, donde a cada paso se encuentran ventas de productos traídos de contrabando desde Venezuela. La economía de la capital de Norte de Santander depende de los productos captados irregularmente en el vecino país. Y el Gobierno colombiano, cómplice. (Foto de Milton Henao).

Crítica de cine

La imagen más difundida de la película.

La Tierra y la Sombra

Por Alberto Ramos Garbiras (*)
La película del director César Acevedo obtuvo cuatro permios recientes en Europa, el Cámara de oro en el festival de Cannes, también  el Sacd (Sociedad de Autores),  Visionary Award (premio revelación) y Le Grand Rail D’Or (premio del público). Es un director joven, talentoso y con una visión crítica sobre los problemas de la sociedad colombiana que, seguramente le proporcionará al cine nacional obras para reflexionar sobre lo que nos falta alcanzar para ampliar la democracia y poder gozar de los derechos sociales, económicos y culturales.

Alfonso (Haimer Leal ), el esposo de la campesina abandonada regresa a una casa rural en un minifundio de Candelaria (Valle) después de 17 años de ausencia, en medio cañaduzales(con cultivos de caña a lado y lado como muros), camina hacia su antiguo hogar, una casa sin panorama rodeada de caña de azúcar y un árbol samán que sobrevivió a la tala intensiva para extender el monocultivo, y recibe el primer impacto ambiental: es envuelto por una nube de polvo que levanta uno de los vehículos del ingenio. Su hijo Gerardo (interpretado por el actor Edison Raigosa),  está muy enfermo, fue cortero de caña de azúcar cerca de 12 años y ha adquirido una enfermedad pulmonar que no lo deja salir de la casa, se cuida del humo, el polvo, los incendios y la pavesa de la caña: vive encerrado pero sin atención médica. El entorno lo está matando.

Hay una escena que lo dice todo: Alfonso recorre las áreas alrededor de la casa, no encuentra nada de lo que había, los parajes diversos desaparecieron, los árboles frutales no existen, las fincas cambiaron su vocación, el campo ahora es uniforme, cierra los ojos para reaccionar, vuelve y mira: todo es como un inmenso colchón verde.  Ese monocultivo de caña que transformó el panorama, acabó con las fincas, los árboles, la avifauna y transformo el panorama en un colchón verde. La rutina de los corteros de caña es retratada en esta película de César Acevedo, los trabajadores están gran parte del día en medio del calor canicular y con una indumentaria de protección solar, sombrero, un trapo en el cuello y guantes, dotados de machetes. Los corteros viven una situación de esclavitud, sin servicios de salud, sin protección laboral, comiendo de portacomidas, asoleados, tiznados y en la tarde terminan fatigados, sin fuerzas y se mueven como zombies. Llegan tiznados e irreconocibles a sus casas a bañarse, para recuperar energías.

La película tiene doble género: corresponde al género dramático, pero al mismo tiempo se enmarca en el género ambiental. Para escribir sobre esta película uno trata de evitar el comentario meramente contenidista y el enfoque ecosocialista, pero el guion y el encadenamiento de los hechos lo conducen a esa clase de escritura.

La Tierra y la Sombra narra la agonía de un cortero de caña desatendido, sin seguridad social. Fue utilizado cuando tenía salud, energías y el pago a destajo no le permitió disponer de ahorros para protegerse  Y una madre aferrada a la tierra, que no concibe la transformación que la agroindustria con cañaverales le impuso y fue cercada por los daños ambientales. César Acevedo, director de este film narra la situación familiar angustiante de los corteros de caña cercados por los impactos ambientales y las desiguales condiciones laborales. Es un drama familiar Una familia desahuciada irremediablemente desprotegida por el Estado que permitió la alteración de la huella ecológica y no reguló la producción al permitir quemas, requemas y fumigaciones a los ingenios azucareros. Una película que describe un intenso drama familiar por los efectos socioeconómicos negativos de una agroindustria monoconcentradora del poder agrícola atentando contra la seguridad alimentaria de la región.

Lo único que le falta a esta película dentro de ese cuadro lúgubre que narra es una secuencia donde aparezca una avioneta fumigando con glifosato, ese es el otro factor que exterminó los cultivos de frutas y hortalizas de los pequeños propietarios, minifundistas que no se pudieron sostener. En el Valle del Cauca por fuera del glifosato   se viene presentando la inadecuada aplicación y aspersión aérea de pesticidas órgano fosforados, en el sector agrícola con vuelos ilegales desde aviones livianos que, de manera anti técnica afectan cultivos vecinos y aledaños, madurándolos prematuramente, o descomponiendo sus frutos. Las aplicaciones y aspersiones realizadas con esta clase de aeronaves, han carecido de los permisos que deben expedir las autoridades aeronáuticas, sanitarias y ambientales. La continuidad de esos sobrevuelos de fumigación agrícola no han sido controlados debidamente y no cumplen los requisitos en lo tocante al manejo de residuos sólidos, de líquidos; no hay control sobre las mezclas y la utilización de albercas, equipos de aspersión, tanqueo de los agroquímicos, etc.

Lo que le sucede a esta familia de La tierra y la Sombra es lo que le ha sucedido a todos los minifundistas del Valle geográfico, fueron asfixiados y liquidados económicamente. Un entorno infernal no solo por las llamas que los rodean por la quema del follaje de caña, con lluvia de pavesas que asfixian. Las pavesas con el viento son pulverizadas hasta en partículas submicrónicas que se inhalan imperceptiblemente, esa seguramente es la enfermedad pulmonar que hace agonizar al hijo de la pareja disuelta.

Como ambulancia el padre del  debilitado Gerardo contrata una carretilla que en el Valle del Cauca llaman Zorra, esa escena condensa la  precariedad de la familia expuesta a la extinción. Lo conduce por desespero ante la desatención médica a un puesto de salud donde no le recetaran lo apropiado ni lo diagnosticaran en debida forma por la inexpertica del médico y por las negativas a quienes no tengan medicina preparada, o al menos afiliación a una EPS. El padre angustiado implora que lo reciban y atiendan porque se va a morir, la súplica no tiene eco.

Al final de la película vemos el éxodo obligado de la familia, deben abandonar la casa, único bien que han tenido, la abuela (Hilda Ruiz) se queda sin familia, sin trabajo y sin sustento porque ni para la recolección primitiva de frutos le sirve el área donde habita , impactada por el monocultivo de la caña de azúcar. Hilda Ruiz desempeña la mejor actuación con introspección a la manera de los egresados de Actor Studio. Es serena, seca solo dice lo preciso y está marcada por el tiempo y las circunstancias que la agobian.

La película tiene el tono del cine neorrealista italiano, con crudeza, sin adornos y con actores  que parecen sacados del sitio que se describe, narra la situación de oprobio, encierro y amenaza  a que el entorno los reduce. El neorrealismo ese cine italiano de la segunda postguerra que retomó y aplicó en lo social el realismo francés. El cine italiano de la segunda mitad de los años 40 en medio de la precariedad por la devastación de la segunda guerra mundial se concentró en exhibir las condiciones sociales de manera real sin ocultar los sufrimientos humanos, Exaltó los sentimientos de los personajes, se rodó en sitios externos, escenarios naturales, por fuera de los estudios de cine, unos guiones comprometidos con la realidad social p ara plantear estados de precariedad y si se quiere de pauperización de sectores sociales. Fue el cine que hicieron directores como Rosselinni, De Sica, Visconti, De Santis, Lattuada, Germi,  Masseli, Fellini y otros que hicieron películas memorables como La tierra tiembla (Terra Trema), Ladrón de Bicicletas (Ladri di Biciclette), Stromboli: Terra di Dio, Riso Amaro, Ossessione, El Limpiabotas, Roma , Citta Aperta y otras.

La película fue filmada o rodada en la vereda El Tiple de Candelaria, este municipio vio  estancado su desarrollo y padece por falta de agua potable. El monocultivo de la caña de azúcar absorbe  sus aguas subterráneas y desvían las superficiales. Las aguas superficiales no solo están contaminadas por las cargas orgánicas, también por las aguas residuales que vienen aguas arriba, más los vertimientos porcícolas y otros factores, también la tala intensiva en las laderas del otro municipio afecta por empalizadas su potabilización, los deslaves en las cuencas por talas intensivas vuelven turbulentas las aguas que rodean el municipio, y los vertimientos industriales, entre otros. Cuatro ríos surcan y recorren el municipio, tres ríos altamente contaminados e intratables (Párraga, Cauca y Desbaratado) y el otro, aguas arriba la administración Municipal de Florida impide que se conecten las tuberías.

Allí, en Candelaria, la realidad concreta hoy es esta, se ha alterado la biodiversidad, la vida no es saludable y productiva en armonía con la naturaleza, las aguas subterráneas no son objeto de especial protección, el consumo humano del agua no tiene prioridad sobre otros usos, no hay acciones de corrección y restauración del deterioro ambiental, el paisaje no es protegido, los suelos se han salinizado, no funciona para este municipio el sistema nacional ambiental porque no hay acciones conjuntas de  las autoridades, se registra degradación y erosión de los suelos, se alteró nocivamente la topografía, se alteró el flujo natural de las aguas, hubo extinción cualitativa y cuantitativa de especies vegetales.
Hay 33 municipios con cultivos de caña que los bordean, y recientemente estos cultivos se han extendido a las planicies de los municipios con tierras de ladera. El monocultivo de la caña de azúcar acabó la vegetación y espantó la avifauna. En la película los pocos pájaros que quedan están en la banda sonora y en la imaginación del abuelo acudiendo al  recurso de los sonidos que emitían, silbando para imitarlos. La quema del follaje de la caña alteró la temperatura y bordea e invade con pavesas a la población, las partículas submicrónicas son un atentado permanente contra las vías respiratorias de los residentes, las fumigaciones aéreas con glifosato acabaron con los minifundistas pudriendo sus frutos y hortalizas; los ingenios azucareros desecaron los humedales e invadieron la ronda protectora de las corrientes de agua; el rio Párraga fue convertido en una cloaca, por la disminución acelerada de su caudal, por el aprovechamiento del caudal desproporcionado por parte de la industria azucarera de la localidad, por la contaminación ambiental generada por los ingenios azucareros y la población del municipio sin PTAR los cuales arrojan a su escaso caudal aguas contaminadas. Candelaria puede ser analizado como Municipio piloto de lo que sucede en otros cuando se altera el paisaje y la geografía con un solo cultivo y se atenta contra la seguridad alimentaria. Hay que exigirle a la CVC la recuperación y restauración del rio Párraga, sancionando  a los contaminadores.

Quien visite ese municipio y recorra sus alrededores, salta a la vista que el desarrollo armónico se rompió hace varios años en Candelaria por el extensivo cultivo de la caña de azúcar  que tiene cercado a este municipio y extenuados, asfixiados, acogotados a sus habitantes. Municipio anulado por un monocultivo que atenta contra la huella ecológica y disminuyó la agricultura antes diversa y pujante.

(*) El autor de este comentario ejerció la crítica de cine durante diez años en el periódico El País, fue codirector de la revista de cine Trailer, con Umberto Valverde, y asistió a cursos de historia del cine y apreciación cinematográfica en España y Suecia.